El racismo persiste en el Draft 2021 de la NFL

Autor: Imagen Sports

abril 28, 2021

 

A finales de septiembre del 2018, cuando Justin Fields y el equipo de fútbol americano de Georgia estaban jugando en casa ante Tennessee, el entonces jugador de béisbol de los Bulldogs, Adam Sasser, estaba sentado en las gradas de Sanford Stadium. En algún punto del cuarto periodo, con Georgia habiendo construido una ventaja comandante, Sasser comenzó a gritar para que el head coach Kirby Smart reemplazara al quarterback titular Jake Fromm con el freshman de alto perfil, Fields, una estrella de dos deportes que también sería compañero futuro de Sasser en el equipo de béisbol.

De acuerdo a otro estudiante que estaba presente en la tribuna, Sasser continuamente gritó «pongan a ese n—– en el juego», en referencia a Fields.

A pesar de que Sasser se disculpó y más tarde fue echado del programa de béisbol, el incidente es apenas uno entre muchos que ocurren en el ambiente racista que hombres afroamericanos como Fields viven cuando deciden jugar como quarterback. Hay instancias muy evidentes como el incidente con Sasser. Pero también, en el caso del proceso previo al Draft 2021, formas encubiertas de racismo en el proceso de evaluación tienden a favorecer a los caucásicos.

No significa que sea imposible, muy seguramente, Fields sea uno de los primeros cinco quarterbacks seleccionados en el Draft 2021. Pero, el hecho de que comenzó la temporada colegial como el segundo mejor prospecto de quarterback consensuado, antes de inexplicablemente caer hasta el quinto puesto en múltiples mock drafts –detrás de dos pasadores caucásicos con currículos menores– es evidencia de un sistema anticuado en lo que se refiere a quarterbacks afroamericanos.

Después de enero, ya sin partidos por jugarse, Justin Fields pasó de ser el segundo mejor prospecto de quarterback para el Draft 2021 a verse saltado por otros pasadores.
Después de transferir de Georgia pocos meses después de los comentarios de Sasser, Fields aterrizó en Ohio State, donde se dedicó a:

  • Convertirse en el primer jugador de la Big Ten en lanzar para 40 pases de touchdowns y correr para 10 más en una temporada (2019).
  • Liderar a la nación en tasa touchdowns-a-intercepciones (2019).
  • Conquistar dos campeonatos de la Big Ten.
  • Jugar en dos partidos de semifinal de College Football Playoff (imponiendo marca de escuela para un tazón con seis touchdowns en la semifinal del 2020) y un campeonato nacional.
  • Tirar 63 pases de touchdown contra apenas nueve intercepciones (68.3 por ciento de pases completos) y correr para 15 anotaciones en 22 juegos, en que su equipo tuvo una marca de 20-2, con las únicas derrotas llegando en postemporada.
  • Ganar el premio al Jugador Más Valioso del Juego de Campeonato de la Big Ten (2019) y Sugar Bowl (2020), y colocarse tercero en la votación del Heisman Trophy (2019).

Después de jugar mejor que el consensuado primer recluta global, Trevor Lawrence, en el Sugar Bowl, Fields pareció haber cimentado su lugar en el Draft 2021, donde varios analistas lo ubicaban como el segundo mejor prospecto de quarterback .

Podemos dejar la evaluación para el draft a los expertos, pero lo que es cierto, es que sin  mayor explicación ni resultados, dos quarterbacks caucásicos con currículos comparables o menores que Fields, repentinamente son éxito asegurado. Sea o no que ello sea cierto, es irrelevante; se trata más de lo que sucedió a Fields desde que se declarara para el Draft 2021 lo que deja al descubierto el proceso enteroy todo el complejo industrial del fútbol americano— para, digamos, la institución racial que es.

De acuerdo a numerosos reportes mediáticos, son dos cosas las que actualmente se reprochan a Fields: inteligencia y actitud.

Algunos equipos de la NFL dijeron al analista de Pro Football Network, Tony Pauline, en febrero que «pese a que [Fields] es un gran espécimen físico y posee tremenda potencia en el brazo, piensan que hay preocupación respecto a no quitarle los ojos a su objetivo primario y no ser capaz de procesar rápidamente».

Semanas más tarde, otro analista del ovoide, Dan Orlovsky, retransmitió información que se le había brindado, también, acerca de la supuesta carencia de cualidades de liderazgo de Fields: «Es del tipo de quarterback, último en llegar y primero en irse. Como, no la ética de trabajo maniática. Incluso lo he escuchado comparado a Justin Herbert, donde era como, hombre, cuando [el caucásico pasador de Los Angeles Chargers] Justin Herbert se apareció, era como un sicópata cuando se trataba de trabajar y prepararse y alistarse para el draft. O, incluso en la escuela, como, ‘Denme más, quiero trabajar sin parar’. Y he escuchado que hay problemas con la ética de trabajo de Justin Fields«.

De acuerdo a estos empleados anónimos, Fields, un quarterback afroamericano, tiene problemas para «procesar cosas», y es tanto egoísta como carente de la ética de trabajo de un pasador caucásico. 

Pero, nadie que haya estado siguiendo al fútbol americano profesional, debe sentirse sorprendido por esto. La raza siempre ha servido de justificación para impedir que afroamericanos se desempeñen en ciertas posiciones, sean coaches, o sirvan en puestos gerenciales, o incluso, practicar el deporte, en general. Los propietarios de la NFL impusieron un «pacto de caballeros» entre los 1930s y 1946 que marginó a jugadores afroamericanos de la posibilidad de jugar en la liga.

Cuando se trata de quarterbacks afroamericanos, en particular, la NFL ha hecho un esfuerzo adicional por mantener la posición tan blanca como las líneas que marcan las yardas sobre el campo. Se espera que los quarterbacks sean inteligentes, racionales en su toma de decisiones, y que comanden al equipo como un coach de facto, sobre el campo. La precisión y la potencia en el brazo son un plus, pero sobre todo se reduce a lo que está entre tus orejas, más que cualquier otro atributo físico. Como les harían creer los autores de The Bell Curve, pocos afroamericanos poseen esos atributos.

Investigación académica, como el trabajo de Lawrence A. Wenner y John Girdwood, ha demostrado que afroamericanos son percibidos como ignorantes, perezosos e incapaces de ser líderes de un equipo o coaches debido a la carencia de inteligencia suficiente para prosperar en esas posiciones. Marlin Briscoe fue el primer quarterback afroamericano en iniciar en la era moderna de la NFL, imponiendo una marca para novato con los Denver Broncos de 14 touchdowns, un récord que se mantiene todavía, pero fue removido de la posición después de una temporada. Warren Moon, único quarterback afroamericano que ha sido ingresado al Salón de la Fama, pasó sus primeras seis temporadas profesionales en la Canadian Football League porque los equipos no creían que sus habilidades se trasladarían del colegial al profesional. Estamos muy conscientes de lo que se ha dicho en torno al quarterback de los Baltimore Ravens, Lamar Jackson.

Estos estereotipos se manifiestan en el modo en cómo los quarterbacks son evaluados. Así que, cuando se dice que Fields no puede «procesar las cosas tan rápidamente», sea intencional o no, eso, 1) no solamente recae en un estereotipo racial, sino también, 2) es fácticamente incorrecto.

El primer estereotipo en lo que respecta a atletas masculinos de raza negra, es que son nacidos con un atletismo «natural», y que “no necesitan trabajar tanto” como sus contrapartes caucásicas para ser exitosos.

Scott Brooks, director asociado del Global Sport Institute en la Arizona State University, se refiere a ello como un «juego de suma cero«, donde los atletas solamente pueden poseer una cualidad: cerebro o músculo.

Así que, en el caso de Fields, aprovecha sus habilidades naturales en lugar de invertir el esfuerzo y trabajo duro para ser la mejor versión posible de sí mismo, como Herbert o Drew Brees o Tom Brady.

Cuando Fields estaba en la preparatoria, hizo esta declaración: «Podré no ser el más talentoso, pero trabajaré más fuerte que el siguiente y emplearé mis brazos y piernas y mente para extender las jugadas, y hacer que suceda algo».

Mientras que, por un lado, jugar pese a lesiones es un componente de la explotación laboral del deporte universitario, Fields recibió un golpe a las costillas en el Sugar Bowl de este año que, más tarde dijo «hasta lanzar 10 yardas dolía», pero se quedó en el partido, y se uniformó a la semana siguiente para el duelo por el título nacional. El verano pasado, Fields, junto con otros jugadores de las conferencias Big Ten y Southeastern, peticionaron jugar pese a la pandemia de coronavirus, a pesar de que ya era considerado un prospecto alto para el Draft 2021, y no tenía motivos para arriesgar su salud.

Es la personificación de lo que la cultura del fútbol americano considera como dureza y liderazgo, pero una persona anónima del fútbol americano describe a Fields diciendo que solo le importa él mismo.

Aparte de un tweet aquí y allá sobre temas de justicia social, Fields parece haber hecho todo lo posible por ser simplemente un quarterback, no un quarterback afroamericano. Habla constantemente de lo duro que ha trabajado. Arriesgó su seguridad para jugar en una temporada que ni siquiera le benefició. Él, a diferencia de Lawrence, no declaró a Sports Illustrated que ganar no lo es todo para él. Es porque él no puede darse ese lujo.

Pese a todo eso, la inteligencia y dedicación de Fields se mantienen como cuestionamientos. Fields ha sido considerado uno de los mejores quarterbacks desde que era un junior en la preparatoria, y ha cumplido toda expectativa que se ha puesto sobre él, y a pesar de ello, aquí estamos, con Wilson y Jones saltándolo.

Lo que Fields pudo haber aprendido a lo largo de estos tres meses últimos, es lo que casi cualquier persona afroamericana se enfrenta en la sociedad americana: no importa lo que hagas, lo único que verán es que eres afroamericano.

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